Marta Colomina: Insolvencia moral y financiera del régimen
octubre 26, 2014 7:20 amPublicado en: Opinión
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El enorme endeudamiento del país en medio de la bonanza petrolera más gigantesca de nuestra historia no solo es irresponsable, sino inmoral. En 15 años no se han hecho inversiones en infraestructura: no han construido represas, ni vías de penetración agrícola, ni autopistas, escuelas, cárceles y ni siquiera han mantenido lo heredado, como prueban el desastre del sistema eléctrico, los cráteres de la vialidad o la ruina de las refinerías, sobre cuya refacción a un costo de 20.000 millones de dólares (que el gobierno no posee) Pdvsa nos miente de nuevo, porque más de 75% de su presupuesto en 2015 se irá en burocracia, tal como revela el inaplicable presupuesto general, del cual la deuda se comerá 20%; los gastos de seguridad y viajes de Maduro aumentarán en 82,3%, y con el gigantesco embuste de una inflación entre 25% y 30% el próximo año (la de alimentos este año supera el 100% y la escasez, según Fedecámaras, está en 85%). Con la caída de los precios del petróleo a escala mundial y la baja de la producción de crudo en el país (Chávez recibió Pdvsa en 1998 en 3,5 millones de bd y hoy está en 2,3 millones), Venezuela ha devenido en un país sin solvencia moral ni financiera.
En 2015 nuestras penurias serán mucho peores que las de 2014, tal como confirma la declaración de Maduro sobre la imposibilidad de solicitar nuevos préstamos “a la banca capitalista mundial” por los altos intereses originados en el alto riesgo del país, el peso de la enorme deuda y el default por más de 50.000 millones con diferentes sectores internos a los que el gobierno ha llevado a la ruina (solo la industria nacional debe a proveedores extranjeros más de 10.000 millones de dólares).
Hay pesimismo sobre los precios petroleros por las previsiones a la baja de las economías de Estados Unidos, la Unión Europea, China y otros; el aumento de la producción petrolera de Estados Unidos, y las declaraciones de Arabia Saudita y los Emiratos que no están dispuestos a defender un precio alto, tal como piden Irán, Venezuela y otros países que derrocharon los cuantiosos ingresos de la bonanza petrolera. Así que la súplica de Ramírez para que la OPEP recorte su producción caerá en saco roto. Los costos de producción de Arabia Saudita y Emiratos son bajos, a diferencia de la escalada en Pdvsa con una nómina de 115.000 personas y un despilfarro descomunal (Chávez la recibió en 1999 con 42.000 empleados).
Maduro ha puesto al país en coma. Calculan 77.000 empresas quebradas por sus medidas económicas. Según analistas de Harvard, su pésima administración llevó a Venezuela con un PIB per cápita (ajustado por inflación) 2% inferior al de 1970, a pesar de que los precios se han multiplicado por 10 desde entonces. Maduro nos miente sobre “otras opciones” crediticias a las de la “banca capitalista mundial”. El “corralito” no le sirve, porque el BCV no descansa en su producción delirante de dinero inorgánico que estimula la inflación. Lo que se necesita son divisas. A Rusia no puede acudir porque la caída del petróleo aumenta su vulnerabilidad y nuevos préstamos de China lucen improbables. ¿Se verá obligado a dirigirse a su archienemigo FMI, u optará por la hambruna y la represión generalizadas de los Castro, que ya apuntan sin recato en la práctica oficial de Maduro?
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